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| El camarada Yermakov había escuchado de una mina abandonada, donde alguna vez se pensó habría oro, unas millas más allá de la fábrica donde él trabajaba en el Alto Isetsky. Yurovsky se sorprendió que la noche no estuviera tan fría y sí más bien húmeda, salieron de la ciudad y tomaron el camino hacia Koptiaki con dirección a la fábrica. Tres millas más allá de la fábrica se encontraron con aproximadamente 25 personas, en caballos y carrozas, que saludaron amigablemente a Yermakov, algunos eran trabajadores de la misma fábrica, otros eran miembros del Soviet. Dos en caballo se acercaron al camión y luego de observar los cuerpos se quejaron, ‘¿Por qué no los trajeron vivos?’ Todos se habían ofrecido de voluntarios pensado que se encargarían del asesinato de Nicholas.
Continuaron camino pero más adelante el camión se quedó atascado entre dos árboles, trataron de sacarlo usando ramas y piedras pero las llantas no respondían, la única solución era mover los cuerpos a las carretas, algunos empezaron a rebuscar los bolsillos de las víctimas lo cual obligó a Yurovski a amenazar con dispararles y designó guardas. Cubrieron los cuerpos con frazadas y salieron en fila. Yermakov explicó que el lugar quedaba más allá de los rieles del tren; a las 7 a.m. se detuvieron y caminaron entre los árboles buscando por un pantano, Yurovsky notó que estaba amaneciendo y había insectos por todo lado cuando encontraron el lugar, unos pasos más allá se encontraba la entrada a la mina. Inspeccionando el lugar se encontraron con un grupo de campesinos sentados frente a una fogata, parecía que habían pasado la noche en el lugar, regresaron a las carrozas y en el camino se cruzaron con otros campesinos, era de día. Yurovsky pesó la situación y llegó a la conclusión que los planes se habían complicado hasta lo imposible, sabía que estaban como a una milla de Koptyaki y como a 11 millas de Ekaterinburg, sabía que no podía confiar en los hombres de Yermakov, sabía que muchos pobladores se encontraban en los alrededores, pero no quería regresar a la ciudad sin haber terminado el trabajo. Conversó con Yermakov y Goloshchekin y llegaron a un plan, despedirían a la gente que ya no necesitaban, el resto acordonaría el lugar a cierta distancia, que alejaran a cualquiera que se acercara y que dispararan si era necesario, enviaron unos soldados a la villa cercana para explicar que el Ejército Blanco se encontraba cerca y que ellos habían acampado en ese lugar, que era peligroso acercarse al lugar.
El sol brillaba sobre las nubes cuando Yurovsky ordenó desvestir los cuerpos y quemar las ropas para no dejar evidencia alguna, se consiguió ramas para hacer una fogata. Cuando empezaron a sacar las ropas encontraron que en los corsés había diamantes, piedras preciosas y joyas cocidas en ellos, en un brazo de Alexandra encontraron un alambre de oro en forma de esclava que pesaba una libra, en su cintura una especie de correa que contenía perlas. Yermakov se encargó de remover el chaleco bajo la camisa que Alexei tenía puesto, estaba cubierto de sangre y huecos, el chaleco estaba atado al pecho de Alexei por lo que Yermakov lo desató y mientras que con un brazo sostenía a Alexei por la espalda con el otro sacó el chaleco revelando el pecho de Alexei, delgado y con varias heridas de bala y bayoneta. Yermakov examinó el chaleco y también contenía joyas y diamantes, se lo entregó a Yurovsky quien ayudado de otro soldado estaba removiendo todos los objetos del resto de los corsés. Regresó donde Alexei y terminó de desnudarlo, le molestó que su sangre aun no haya coagulado, cuando le sacó el pantalón se asombró de la cantidad de moretones en sus piernas como si alguien le hubiera golpeado, su rodilla izquierda lucía hinchada y como doblada hacia adentro, una vez desnudo lo cargó y lo puso junto con los otros cuerpos ya desnudos, Yermakov se sorprendió en lo liviano que era Alexei, una vez en el suelo lo quedó mirando, una pena muchacho se dijo y le arrancó la cruz y el amuleto del cuello. Yurovsky comentaba mientras cortaba los corsés con su cuchillo que prefería sacar las joyas ahora en vez de cargar con los corsés, abrió el amuleto de Alexei y encontró la foto de Rasputin y una pequeño rezo, cada uno de la familia de Nicholas tenía uno de esos amuletos, Yurovsky los tiró a donde amontonaban la ropa, algunas joyas no fueron descubiertas pese a que Yurovsky fue meticuloso con los corsés y serían después descubiertas entre las cenizas por el Ejército Blanco. Otros diamantes cayeron entre el pasto y algunos camaradas las encontraron al día siguiente y se la entregaron a Yurovsky.
Arrojaron la ropa a las fogatas y mientras se quemaban tomaron los cuerpos y los tiraron por la abertura de la mina, al fondo se podía ver agua pero no era muy profunda, más o menos dos pies de profundidad, los cuerpos podían verse claramente. Yurovsky caminó de vuelta a las fogatas y se sintió frustrado, tanto trabajo para nada, era bien claro que no podía dejar los cuerpos ahí, los pobladores de la zona aunque de lejos sabían que algo sucedía en ese lugar y se acercarían tan pronto ellos se fueran. A alguien se le ocurrió tirar explosivos y volar la mina para cubrir los cuerpos pero luego de tirar varias granadas lo único que lograron fue dañar los cuerpos pero aun se les podía ver desde la entrada, al final se resignaron. No podían enterrar los cuerpos porque ni siquiera habían traído palas. La única solución sería sacar los cuerpos de la mina y llevarlos a otro lugar pero a nadie se le ocurría dónde. Las fogatas se fueron consumiendo, los soldados parados en grupos mostraban señas de cansancio, no habían comido desde la tarde anterior, Yurovsky miró su reloj y eran las 2 p.m. del 4/17 de julio. Resoluto, ordenó a los guardas alejar a la gente del lugar y él acompañado de Goloshchekin se dirigió a Ekaterinburg. Yurovsky puso las joyas en una bolsa, pesaban aproximadamente 18 libras y mientras Goloshchekin continuó viaje, Yurovsky se detuvo en la fábrica de Alapaevsk donde en el sótano de una pequeña casa enterró las joyas. Estas joyas fueron excavadas en 1919 y llevadas a Moscú. | |

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