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Trece Años en la Corte Rusa por Pierre Gilliard

Fue ahí que vi al Tsarevich, Alexei Nicholaevich, entonces un bebe de dieciocho meses de edad, por primera vez, y bajo las siguientes circunstancias.  Como siempre, había ido al Palacio Alexander, donde cumplía con mis deberes varias veces a la semana.  Estaba terminando mis clases con Olga Nicholaeva cuando la Tsarina entró en el cuarto, cargando al hijo y heredero.  Se dirigió hacia nosotros, y evidentemente deseaba enseñarme al miembro de la familia que aun no conocía.  Podía ver que ella estaba cambiada por el extremo placer de una madre que por fin se le había cumplido su más querido deseo.  Estaba orgullosa y feliz por la belleza de su hijo.  El Tsarevich era ciertamente uno de los bebes más bellos que uno pudiera imaginarse, con unos rizos rubios y sus ojos azul-grises bajo una franja de largas pestañas onduladas.  Tenía el color rozado de un niño sano, y cuando sonreía se dibujaban dos pequeños hoyuelos en su mejías gordas.  Cuando me acerqué, una seria mirada asustada apareció en sus ojos, y tomó mucho trabajo convencerlo que levantara su manito.

Durante los siguientes años tuve mejores oportunidades de ver a Alexei Nicholaevich, quien se había acostumbrado a escaparse de su niñero y correr a las clases de sus hermanas, de donde era llevado rápidamente.


El Crímen

Alexei no recordaba lo que había estado soñando, y aun no estaba despierto pese a que su padre lo había vestido y que ahora entre sueños y bostezos veía a su familia hablar en voz bien baja y esperar como si salieran de viaje a algún lado. Con la experiencia que había tenido en Tsarskoe Selo y en Tobolsk, sabía que tenía que ser paciente y que no importaba cuantas veces trataría de dormir, ellos se encargarían de despertarlo y prometerle que ya salían, quiso apoyarse en el brazo que la silla no tenía y casi se viene abajo, felizmente que Anastasia estuvo cerca para agarrarlo, lo volvieron a sentar y él abriendo los ojos vio a Olga regresar del baño. ‘Ya vamos’ dijo al aire y Alexandra se acercó a rogarle por paciencia y que pronto podría dormir. Alexei cerró los ojos pero los abrió nuevamente, Maria había regresado al cuarto y preguntó ¿estamos listos? Alexei se sintió más despierto cuando vio a Yurovski aparecer en la puerta.

 

Nicholas vino hacia él y pasando los brazos por su espalda y piernas le cargó, Alexei abrazó el cuello de Nicholas y apoyó su cabeza sobre el hombro de su padre, por un momento reconoció el olor a tabaco que despedía la barba de Nicholas y apartó la cara un poco porque algunos pelos de la barba le pincharon en la frente. Escuchó a Yurovsky decir ‘síganme’ mientras que su padre empezaba a caminar. La escalera era angosta para Alexei que tenía su pierna estirada por lo que Nicholas se vio forzado a bajar de costado, detrás de él le seguía Alexandra y el resto en fila y todos sin decir palabra alguna.

 

Al final de las escaleras voltearon hacia la izquierda y salieron al patio, el aire frío de la noche golpeó la cara de Alexei quien se protegió con el abrigo de su padre, escuchó la voz de Yurovsky quien les dijo ‘por aquí’ y lo siguieron hacia la izquierda y entraron al primer piso. Alexei tenía los ojos bien abiertos ahora, nunca antes había estado en ese piso pero estaba oscuro y desde la puerta vio al fondo el perfil de un soldado, doblaron hacia la derecha y caminaron por el corredor hasta el final de la casa donde se veía un cuarto iluminado, luego doblaron hacia la izquierda al segundo cuarto donde Yurovsky les pidió que permanecieran ahí. Su madre inmediatamente protestó ‘¿Qué, no hay siquiera una silla aquí? ¿Uno no está permitido a sentarse?’ Alexei miró a su madre y luego miró a Yurovsky quien sin decir palabra salió del cuarto, Anastasia y Maria se dirigieron hacia la única ventana y notaron que un guarda se encontraba afuera, Maria dijo ‘miren, Jemmy nos ha seguido, ven aquí precioso’ le dijo al perro que se le acercó alegremente, ‘¿dónde está Ortino?’ dijo Alexandra pero nadie respondió, todos asumieron que se había quedado en el segundo piso. Yurovsky entró acompañado de dos soldados quienes traían un par de sillas, cruzaron el cuarto y pusieron las sillas, Yurovsky gritó ‘¡aléjense de la ventana, todos atrás contra la pared!’ Alexei se sintió asustado ante los gritos pero se sintió seguro en los brazos de su padre quien caminó hacia la silla que tenía brazos y lo sentó mirando hacia la puerta por donde habían entrado, vio a su madre sentarse en la otra silla a su izquierda y su padre y el resto se pararon detrás de él, vio a Yurovsky salir con los dos guardas y deseó no volverlos a ver, el chaleco con las joyas cosidas en él le molestaba, con una mano trató de moverlo pero estaba bien ajustado a su torso, Alexei cambió de posición y se sintió más cómodo, bostezó cuando de pronto la puerta se abrió.

 

Yurovsky miró su reloj eran las 2:15 a.m. y la familia aun seguía viva, los soldados lo quedaron mirando y Yurovsky después de asignarles sus víctimas dijo rápidamente ‘llegó la hora, vamos’ Caminaron por el mismo corredor que la familia había usado minutos antes, unos metros antes de llegar al final del corredor, una idea le asaltó violentamente a Yurovsky, los soldados no sabrían diferenciar a sus víctimas, se detuvo ante la puerta y antes de abrirla miró al resto y cuando estuvieron listos empujó la puerta.

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