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El Emperador Nicholas II, Como lo Conocí, por el Mayor-General, Sir John Hanbury Williams

El Tsarevich

7 de junio de 1916

El pequeño Tsarevich ha sido promovido a cabo en el ejército y está muy orgulloso de sus galones y más travieso que nunca.

10 de junio de 1916

En el almuerzo el Tsarevich empujó todas las tazas, pan, tostadas, menús, etc., que estuvieran a su alcance hacia mí y de ahí llamó la atención de su padre para que contara todas las piezas que yo tenía.

10 de julio de 1916

El Tsarevich ha llegado y en gran espíritu.  Nos arrastró a algunos de nosotros, después del almuerzo en la carpa, a una fuente redonda en el jardín, la cual tenía cabezas de delfines alrededor, con dos huecos en cada uno representando los ojos.  El juego era insertar nuestros dedos en estos huecos, luego abrir el agua de la pileta completamente y de pronto sacarlos.  El resultado fue que casi ahogo al Emperador y su hijo, y ellos me devolvieron el favor, y todos tuvimos que regresar para cambiarnos, riendo hasta casi llorar, sin duda un entretenimiento pueril, pero igual nos hizo bien.

15 de agosto de 1916

Ella me dijo que no deberíamos consentir al pequeño niño, y yo le aseguré que no lo haríamos, ciertamente él no era de los que son fáciles de malcriar, y su tutor lo mantenía en buena disciplina.



Muerte de Rasputin

Todos tenían una solución para salvar Rusia, pero lo que era bien claro era que la situación política, militar y social del país empeoraba cada vez más rápido. La Duma había tratado de encontrar una solución más practica al problema social del país, casi como tratando de balancear los poderes de izquierda y de derecha, pero más había podido la oposición al emperador encabezado por Kerensky. Los Gran Duques pedían y por último demandaban de Nicholas que dejara el mando de las tropas y regresara a encargarse del gobierno, que enviara a Rasputin de vuelta a Siberia, que nombrara nuevos ministros con más experiencia en gobierno y por último que enviara a Alexandra de vuelta a Alemania, que esas medidas calmaría a todos. Los generales se mostraban nerviosos, con el problema de la guerra no podrían evitar una guerra civil. Los moscovitas en cambio llamaban a una revolución armada como solución a una autocracia corrupta e insensitiva a las necesidades del proletariado. Tal vez en lo único en que todos estaban de acuerdo era en que la influencia que Rasputin tenía sobre los emperadores empeoraba la situación y que si no se hacían los cambios necesarios el país caería en manos de revolucionarios.

Casi accidentalmente y después de varias conversaciones casuales, una idea que al principio no fue más que una expresión de frustración se convirtió en un plan como una respuesta patriótica, como una solución a la crisis política. Inicialmente la idea como posibilidad se les presentó al Príncipe Felix Yussupov y al Miembro de la Duma, Líder de Partido de Derecha V. M. Purishkevich, ambos estaban convencidos que había llegado el momento de deshacerse de Rasputin. Reclutaron en sus filas al Dr. Lazavert, Gran Duque Dmitri Pavlovich y al Teniente Soukhotin, quienes al principio reluctantes aceptaron convencidos que era necesario deshacerse de ese monstruo. El lugar sería el Palacio Moika de Yussupov, la hora la madrugada del 17 de diciembre de 1917 y la manera envenenamiento.

La noche del 16 de diciembre Yussupov se dirigió a la casa de Rasputin acompañado por Soukhtin quien manejaba el carro. Rasputin esperaba a Yussupov y le sugirió ir a un cabaret para empezar la noche pero Yussupov lo convenció que era muy temprano y que mejor irían primero a su casa a tomar y comer algo. Al llegar al palacio, Rasputin y Yussupov se dirigieron al sótano, en el primer piso el resto esperaba ansioso. Rasputin escuchó algunos pasos pero Yussupov le dijo que su esposa tenía unos visitantes. Yussupov le ofreció unos pasteles, biscochos y galletas, pero Rasputin le rechazó la oferta, algo extraño ya que Yussupov sabía que Rasputin se deleitaba de esos pasteles. Para evitar sospechas, Yussupov agarró uno de los biscochos amarillos porque sabía que los rozados contenían cianuro de potasio, decidió ofrecerle vino y aunque Rasputin le dijo que tal vez más tarde, Yussupov le sirvió de todas maneras en una de las copas que sabía contenía cianuro. Rasputin vio en una silla una balalaika y recordó haber escuchado a Yussupov cantar en una reunión meses atrás y le pidió apuntando al instrumento que lo hiciera nuevamente porque tenía muy buena voz. Yussupov agarró la balalaika y empezó a cantar una canción más bien triste y suave, Rasputin se acomodó en la silla y agarró uno de los pasteles envenenados y la copa de vino que le había servido. Mientras cantaba Yussupov observaba cómo ese campesino, quien él creía tener poderes hipnóticos, terminaba su pastel y agarraba otro, terminó con su canción y aunque tenía planeado servirle más vino, no fue necesario porque Rasputin mismo agarró la botella y sonriendo se sirvió más. Yussupov esperaba ver a Rasputin caer al piso en cualquier momento pero para su sorpresa seguía sonriendo y metiéndose en la boca esos pasteles, le dijo que regresaría pronto y se dirigió al primer piso, todos lo rodearon y Yussupov les dijo que el veneno no le hacía efecto. Decidieron que Yussupov le disparara, Purishkevich sugirió que le disparara en el pecho para evitar que sus alfombras se mancharan de sangre, sacó su pistola y se la entregó a Yussupov. Bajó rápidamente pero tratando de ocultar su ansiedad, Rasputin continuaba sentado aunque en silencio y con los ojos cerrados, al escuchar a Yussupov abrió los ojos y sonrió, Yussupov se acercó lo más que pudo y apuntando al pecho le disparó, Rasputin cayó de espaldas y se quedó inmóvil con una mano sobre el pecho. Purishkevich, Dmitri y el resto bajaron corriendo y encontraron a Rasputin muerto, subieron de vuelta para prepararse a llevar el cuerpo, pero para Yussupov que temblaba de excitación no le fue suficiente, bajó nuevamente y caminó hacia el cuerpo de Rasputin, sabía que había consumido suficiente veneno como para matar a un caballo, le acababa de disparar en el corazón y sin embargo quería ver con sus propios ojos que esa bestia estaba realmente muerta, lentamente se arrodilló, tocó la mano que reposaba sobre el pecho de Rasputin cuando de pronto los ojos que habían permanecido cerrados hasta ese momento se abrieron emanando odio, ambas manos agarraron a Yussupov del cuello y se incorporó ante la aterrorizada expresión que era en ese momento la cara de Yussupov, “¡malvado, muchacho malvado!”, murmuró Rasputin mientras que Yussupov sintiendo que caía bajo el control de aquel demonio, hizo un esfuerzo inmenso logrando soltarse y corrió como poseído hacia las escaleras. Arriba todos saltaron asombrados al ver a Yussupov regresar con el terror dibujado en su cara, “¡está vivo, está vivo!” y continuó corriendo hacia la sala del palacio. Purishkevich sacó su pistola y bajó las escaleras para terminar de una vez con Rasputin, pero no lo encontró, notó la puerta abierta y salió a buscarlo, Rasputin corría en la nieve tambaleándose, apuntó y disparo pero falló, apuntó nuevamente pero con el mismo resultado, finalmente se detuvo y lentamente apuntó asegurándose que su muñeca se mantenía firme, disparó hiriendo a Rasputin en la espalda quien cayó pero trató de levantarse nuevamente, Purishkevich disparó una vez más y Rasputin cayó en la nieve unos metros antes de llegar a la calle. Purishkevich corrió hacia Rasputin, le dio vuelta y comprobó su pulso, estaba vivo, apuntó a la cabeza y disparó una última vez. Regresó al palacio y pidió a los guardas de Yussupov que le ayuden a traer el cuerpo de vuelta. Yussupov bajó al sótano con una cadena y empezó a golpear repetidamente el cuerpo de Rasputin hasta el cansancio, sangre salpicó sobre las paredes y sobre las alfombras. Subieron al primer piso y esperaron a que todo se calmara, Purishkevich salió una sola vez a despistar a un policía que había acudido al lugar por una llamada sobre disparos en el área, le dijo que no fue nada que dispararon a un perro. Cerca de las cuatro de la mañana pusieron el cuerpo de Rasputin cubierto con unas sábanas y amarrado con sogas en el asiento posterior del carro y salieron con dirección al puente sobre el río Neva, se detuvieron junto a la baranda, cargaron el cuerpo y lo tiraron por encima a la parte del río que no estaba congelada, no se detuvieron a ver el cuerpo de Rasputin desaparecer bajo el hielo y regresaron al palacio de Yussupov, una vez ahí se deshicieron de todas las evidencias y finalmente cada uno salió hacia sus casas cuando la luz del sol se asomaba en el horizonte.

La noticia de la desaparición de Rasputin corrió como pólvora al día siguiente, los policías que vigilaban la casa de Rasputin reportaron que no regresó de vuelta, y que la noche anterior había salido con Yussupov. Anna Vyrubova sabía por boca de Rasputin que la noche del 16 visitaría la casa de Yussupov quien lo había invitado. Vecinos que escucharon los disparos aquella noche mencionaban a Purishkevich quien negaba haber visitado a Yussupov esa noche. La noticia llegó donde Alexandra a las 10 de la mañana quien desesperada envió un cable a Nicholas y ordenó una investigación sobre la desaparición de Rasputin. Todos los participantes negaban haber visto a Rasputin esa noche, pero Alexandra ordenó poner bajo arresto domiciliario a Yussupov y al Gran Duque Dmitri. En la ciudad hubo demostraciones de júbilo ante la noticia de la desaparición de Rasputin y muchos creyeron que las cosas cambiarían para mejor aunque con las mismas en bares y restaurantes se inició una polémica sobre los sospechosos.

En la mañana del 20 de diciembre una campesina descubre accidentalmente el cuerpo en las afueras de la ciudad, uno de los policías que llevaron el cuerpo comentó sarcásticamente “muerte de perro para un perro.” La hija de Rasputin quien estudiaba en la ciudad fue llamada a reconocer el cuerpo, y la morgue encontró como causa de su muerte envenenamiento y trauma de órganos vitales por disparos de bala. La investigación no pudo comprobar quiénes fueron los culpables y los gran duques trataron de intimidar a Nicholas para que deje en libertad a Dmitri y Yussupov, pero Nicholas no aceptó bajo el razonamiento de que nadie está sobre la ley.

El cuerpo de Rasputin fue entregado a Alexandra quien luego de una misa en su memoria, enterró a Rasputin el 21 de diciembre en una esquina del parque del palacio con la presencia de Anna, Nicholas y sus hijas.

La navidad la pasaron austeramente, Alexandra estaba convencida que la muerte de Rasputin los dejaba desprotegidos del poder de Dios, Nicholas había perdido toda fe en la humanidad, no había ya nadie en quien podía confiar, se mostraba cansado y desolado, se sentía prisionero de su propio destino y no había salida a la situación en la que se encontraba. Qué no hubiera dado en ese momento con abandonar todo e irse con su familia a la playa, disfrutar de las olas, del sol, del mar. El 27 de diciembre tomó la decisión de deportar a Dmitri a su estado en Turquía y a Yussupov a su principado en Crimea. El día de fin de año Nicholas tomó el tren que lo llevaría de vuelta a Mogilev, Alexei lo despidió diciéndole que su mano ya casi no le dolía, casi como si le estuviera pidiendo que lo lleve con él. Volviendo al palacio Alexei vio a la gente caminando sin celebrar el nuevo año 1917.

Los primeros meses de 1917 el desorden en las principales ciudades empeoró día a día, el caos era general y noticias de huelgas, marchas, y llamados a la revolución llegaban a San Petersburgo. Los gran duques al realizar que la revolución era inminente trataron de hacer las paces con Alexandra y enviaron como representante a Sandro para convencer a Alexandra que olvide los resentimientos y que acepte la ayuda que ellos le ofrecían para salvar el imperio. Nicholas estuvo presente en aquella reunión y aunque no intervino dejó bien claro que él apoyaba a su esposa 100%, Alexandra respondió que no necesitaba de su ayuda y que su presencia no era bienvenida. Sandro furioso salió de palacio notando antes la presencia de Ayudante de Campo Teniente Linevich esperando fuera del salón de reuniones. Inmediatamente le escribió a Nikolasha pidiéndole que cualquier acción que él tomara sería apoyado por la familia. Los parientes de Nicholas sintieron que cualquier sugerencia que ellos hicieran sería vista como una revuelta. Por su parte aquellos militares cercanos a Nicholas, leales o no, llegaron a la conclusión de que para la primavera los revolucionarios tomarían control del gobierno, en desesperación el Almirante Nilov se atrevió a pedirle a Nicholas que envíe a Alexandra fuera del país como única solución para salvar a la dinastía, Nicholas furioso respondió que cualquier acusación contra su esposa era falsa. Rápidamente Nicholas y su familia se aislaron de aquellos que en buena fe los apoyaban.

Alexei ya definitivamente instalado en palacio sin posibilidad de regresar al Cuartel General, empezó a recibir visitas de cadetes de la escuela militar para hacerle compañía. Pasaban el día jugando en los jardines del palacio, nadando y hacia el final del día dentro del palacio disfrutando de juegos de mesa y extensas conversaciones en las que OTMA muchas veces participaban, los cadetes de turno sabían del protocolo en palacio y habían sido instruidos en la manera como deberían dirigirse a cada miembro de la familia real. Alexei les permitía muchas veces que obviaran el formulismo y lo llamaran por su nombre para hacer los juegos menos formales y más divertidos. A los cadetes también se les había explicado sin llegar a detalles de la salud de Alexei y que evitaran en todo momento causar que el Tsarevich se golpeara, Derevenko o Nagorni siempre supervisando sus juegos intervenían si sus actividades tenían algún riesgo para Alexei. El 15 de febrero de 1917 llegó a palacio la visita de dos cadetes, Anna notó que uno de ellos tosía y no lucía bien, se lo mencionó a Alexandra pero ocupadas en otros quehaceres no se les ocurrió en ese momento la posibilidad de contagio, al día siguiente se enteraron que el cadete padecía de sarampión y una semana después Alexei, OTMA y Anna mostraron los mismos síntomas, fiebre, tos y dolores de cabeza.

Alexandra se cambió a su uniforme de enfermera y se preparó a atenderlos, cada uno en sus dormitorios y se asignó un dormitorio para Anna, noticias llegaron que una epidemia de Sarampión se había desatado en la escuela militar. Alexandra se encomendó en Dios y sacó fuerzas para lidiar con todos los problemas políticos y familiares, por una parte algunos ministros tomando decisiones sin consultarle, por otro lado, noticias de paralizaciones en muchas ciudades debido al estado de los caminos y la imposibilidad de distribuir los alimentos básicos, el alza de precios y huelgas en las fábricas. En cuanto a la familia, Alexandra había tenido muchos momentos difíciles con algunas de sus hijas antes que se enfermaran quienes constantemente desafiaban sus órdenes y mostraban desdeño a algunas sugerencias que ella les hiciera. OTMA consideraban anticuadas algunas de las ideas de Alexandra y días antes Tatiana no sólo no había atendido al llamado de Alexandra si no que después de un paseo con su madre Tatiana ni siquiera le agradeció, muchas veces después de resistirse obedecían a los pedidos de Alexandra pero, una vez en su dormitorio, mostraban su descontento y hasta se reían entre ellas de lo que habían dicho o hecho. Alexandra no tenía más remedio que escribir cartas a Nicholas pidiéndole que intercediera en su favor. En sus cartas Alexandra nuevamente había empezado a exigir a Nicholas que sea fuerte con sus generales y que tomara sus propias decisiones y que no accediera a lo que ellos le decían, como explicación a su punto de vista le dijo que la única manera de que los Rusos obedecieran era con el látigo.

 

Rasputin Felix Yussupov

Vladimir Purishkevich Dmitri Pavlovich

Rasputin Dead

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